Maléfica. O la mujer que ríe demasiado.

 

saraExisten maneras de ser, de vivir, de hablar y de comportarse que parece que están reservadas únicamente al género masculino. Por muy modernos que seamos, y por muy feministas que queramos ser, todavía existen brechas que separan las funciones de uno y de otro, también en cómo pasárselo bien.

He aquí dos ejemplos mundanos sobre imágenes que son consideradas hedonistas en el imaginario masculino a la vez que son cuestionadas en el  femenino. Imaginario del que participamos ambos sexos, hombres y mujeres.

Ejemplo 1.
Del arte del buen beber: Un hombre cansado, llega de trabajar y se abre una cerveza. O un whisky. La buena mujer-madre no bebe (alcohol) en casa. Está feo.

Qué más quisiéramos que beber despacito, saboreando cada sorbo de la copa de un buen vino en nuestro sofá vintage, un martes cualquiera. Lectura abierta, música de fondo. Fuera, anochece y los faros de los coches iluminan a ráfagas nuestro harmonioso salón.
No se trata de hacer apología del alcohol, pero la realidad es otra: La de los días en que, después de haber currado miles de horas, haber ido al super, cargado la compra de la mano de tus dos hijos que pueden llegar a gritar como ocho orangutanes juntos, llegas a casa peor que si hubieras salido de un after  y te arrastras directamente a la bodega, rezando por si queda alguna cerveza. Si hay suerte, podremos disfrutar el primer sorbo mientras preparamos la cena para nuestros orangutanitos, encerradas en la cocina y contando las horas para poder sentarnos en el sofá, que dejó de ser vintage cuando le pusimos la horrible funda antimanchas, hace ya algunos años.

Ejemplo 2.
Un hombre que baila, canta o es gracioso, lleva un cómico en su interior. Una mujer que hace lo mismo, resulta ridícula.
Una mujer que pierde los papeles es denigrante. Que llore, no. Eso queda estupendo, una mujer sensible, tierna. Incluso que monte una escenita de celos, a veces puede llegar a ser emocionante. Que te plante y se largue gritándote, eso un hit romántico. Que te cuelgue el teléfono es porque te quiere. Que te envíe whatsapps desesperados preguntándote dónde estás, eso es que se siente sola.
Pero que se ponga a bailar como si no hubiera un mañana en un pub con más de 30 años…. Eso es intolerable. A la hoguera!

Parece que el hedonismo está reservado para ellos, que son los que deciden cómo y cuándo nos lo tenemos que pasar bien. Cuando sonreír. Cuando ponernos minifalda y cuando quitárnosla. Cuando hablar y cuando callar. Divertidas, pero sin pasarse. Encantadoras, pero sexualmente no demasiado atractivas.
Una mujer debe saber cuándo sonreír, cuando callar, cuándo cocinar, cuando bailar, cuando beber y cuando disfrutar, pero sin pasarse. Cuándo hacer feliz a los demás. Debe ser una madre adorable, dulce y tierna. Debe cuidarse para estar guapa. Debe ser una buena mujer independiente mientras vuelva a casa a hacer la cena a su familia. Debe tener instinto maternal, pero si amamanta que sea en la intimidad. Debe conciliar trabajo con niños, pero si están enfermos, que les cuide un canguro. Y ya si puede ser, que no diga tacos, que eso es maleducado y malsonante.

Pero eso no es todo: somos las mismas mujeres las que nos cuestionamos, las mismas que educamos a nuestros niños en este círculo que reprime a la mujer, la culpabiliza y la estereotipa.

Por suerte muchas estamos hasta el mismísimo moño de estas reglas y vivimos felices con nuestros orangutanitos, cervecita en mano, música a tope y bailando como si no hubiera un mañana.

El cambio debe surgir de nosotras.

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